Camino hacia la libertad de horarios

Recibidas con desigual grado de satisfacción – aplauso de las grandes superficies y descontento del pequeño comercio- el pasado 14 de julio el Boletín Oficial del Estado publicaba un conjunto de medidas que constituyen un primer paso hacia la libertad de horarios comerciales.

La ampliación del horario máximo de apertura semanal en días laborables de 72 a 90 horas,  la elevación de la superficie –de 150 a 300 metros cuadrados- de los locales que disponen de plena libertad horaria, la definición de criterios básicos para la consideración de zonas de gran afluencia turística, o el aumento de 8 a 10 del mínimo de festivos y/o domingos en los que ha de autorizarse la apertura, estableciendo criterios objetivos a tener en cuenta para determinar cuáles sean estos -coincidencia de dos o más festivos seguidos, períodos “señalados” como navidades, etc.-,  son las novedades más destacadas.

Asimismo, se contemplan cambios en relación a la regulación de las rebajas y actividades de promoción de ventas, al  suprimirse los dos períodos anuales –verano e invierno- a los que necesariamente habían de ajustarse los comerciantes para ofrecer descuentos, y permitir simultanear las actividades de promoción de ventas en un mismo establecimiento.

A la espera de conocer el alcance de su puesta en práctica –durante el ejercicio 2012 continúan vigentes el período estival de rebajas y el calendario de festivos y domingos aprobado- lo cierto es que los hábitos de consumo han experimentado un cambio notable con un incremento, cierto y constatable, del comercio electrónico – al que podría considerarse el verdadero competidor del pequeño comercio: no se puede olvidar que Internet está abierto 24 horas al día los 365 días del año-.  Si a ello unimos que  la posibilidad de libertad horaria ya existía para los comercios de menos de 150 metros cuadrados, quizá, estos cambios se deberían acoger no tanto como una “zancadilla” al pequeño comercio sino como un revulsivo que lleve a diversificar la oferta y adaptarla a las necesidades del consumidor que, especialmente en situaciones de crisis, busca otras opciones en su forma de comprar.